Esta es la pregunta estrella durante los últimos meses y especialmente durante las últimas semanas. Es la reacción automática de quienes tienen conocimiento de la Marathon des Sables por primera vez. Y es una pregunta muy difícil de responder, porque no tiene una única explicación y porque cada persona tiene motivaciones distintas.
En realidad el entrenamiento para Sables es un camino plagado de obstáculos: hay que entrenar muchísimas horas durante la semana y muchas más durante el fin de semana; se le deben robar horas al sueño y sacar tiempo de debajo de las piedras; se acumula un cansancio tremendo, especialmente si el nivel de exigencia del trabajo es alto y si tienes hijos pequeños; se debe seguir una dieta específica durante varios meses; se deben sacrificar planes, cenas y vida social; se necesita una colaboración absoluta de mujer, hijos y familia; se pasa mucho frío durante los entrenamientos en invierno y en muchas ocasiones uno debe salir a correr lloviendo; se necesitan sesiones de descarga para liberar tensión muscular y, encima, entre la inscripción de la carrera y el material, uno se deja no poco dinero en el camino.
Y aun así, ¿por qué corremos Sables? ¿qué nos empuja a apuntarnos a esta carrera donde parece que no hay nada más que inconvenientes y obstáculos? ¿no sería más fácil quedarnos en casa y entrenar para alguna maratón popular y listo?.
Ciertamente sí, lo más fácil es quedarse en casa y entrenar para carreras populares que quizás no exigen tanto sacrificio. Sin embargo, lo más fácil no implica que sea lo que más le satisface a uno.
La verdad es que, personalmente, me cuesta muchísimo analizar y entender las razones por las que me apunto a esta carrera. Es una mezcla de intuición por lo que creo que puede ser una experiencia inolvidable, y las ganas de aventura. Es quizás el hecho de tener la ocasión de ver recompensado tanto sacrificio y esfuerzo durante estos meses. Es quizás el hecho de tener la ocasión para estar rodeado de gente con las mismas inquietudes, sin prejuicios, en un ambiente sano y donde prime el compañerismo en su máximo exponente. Es quizás el hecho de exponerse a condiciones extremas que hacen que los sentimientos estén a flor de piel y que las personas saquen lo mejor de sí mismas. Es quizás el hecho de que uno pueda reflexionar sobre retos personales y profesionales. Es quizás el hecho de tener tiempo para valorar lo que uno tiene y lo afortunado que es, atribuyéndole a cada cosa el valor que se merece. Es quizás el hecho de que uno tiene la oportunidad de pensar en su mujer, hijos, familia y amigos. Es quizás el hecho de haberse puesto una meta y ver como a base de rigor, constancia y fuerza de voluntad se pueden alcanzar metas inimaginables. Es quizás el hecho de tener la oportunidad de contemplar los paisajes, los atardeceres y amaneceres en un entorno mágico. Es quizás el hecho de compartir experiencias con gente fantástica y más si cabe todavía con un hermano. Es quizás el hecho de poner a prueba que cuando el cuerpo diga basta, será entonces la cabeza la que tire del carro.
Esperemos que estas últimas semanas se desarrollen según lo planeado y que seamos capaces de completar la carrera. En cualquier caso, pase lo que pase, nadie me quitará lo aprendido hasta el momento y la ilusión y el cariño con el que he afrontado el entrenamiento y la carrera.
